¡Todo
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía
Amor pasado por
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche...
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una
con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista.
Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
de los bomberos.
Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,
que arranca los botones de los
que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor-amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!
Solo,
con mi esqueleto,
mi
mis arterias,
como un sapo en su cueva,
asomado al
que saltan,
retroceden,
se atropellan,
fallecen;
en una delirante actividad
inútil,
arbitraria,
febril,
idéntica a la fiebre
que sufren las
Solo,
con la ventana
abierta a las
entre árboles y
sin deseos de irme,
ni ganas de quedarme
a
aquí,
o en otra parte,
con el mismo esqueleto,
y las mismas arterias,
como un sapo en su cueva
circundado de insectos.
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.
NO SE ME IMPORTA UN PITO...
No se me importa un pito que lasmujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas dehigo ;
uncutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importanciaigual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría elprimer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en estosoy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepanvolar .
Si no saben volar ¡pierden eltiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios porentregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y susmiradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba deldormitorio a la cocina ,
volaba delcomedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, lacamisa .
Volando realizaba suscompras , sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algúnpaseo por los alrededores!
Allí lejos,perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
comodos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la detener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez encuando , las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de unsolo vuelo!
Después deconocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos algunaclase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con unavaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquieraimaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.
No se me importa un pito que las
tengan los senos como magnolias o como pasas de
un
Le doy una importancia
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto
bajo ningún pretexto, que no sepan
Si no saben volar ¡pierden el
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del
volaba del
Volando me preparaba el baño, la
Volando realizaba sus
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún
Allí lejos,
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de
aunque nos haga ver, de vez en
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un
Después de
¿puede brindarnos alguna
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera
que pueda hacerse el amor más que volando.
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